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Cuentos del mundo: La riña de las codornices (cuento turco)


¡Oíd esos gritos lastimeros que atraviesan cada el día silencioso bosque!
¡Ah!, son los gemidos de seis mil codornices. ¡Pobres aves! Cada día llega un hombre del pueblo y las cubre con una red cuando se posan en el suelo. Después de arrojar la red, la recoge, atrapando as a centenares de codornices, que lleva al pueblo para venderlas.
Ahora bien, un día, la reina de las codornices dijo:
-No lloréis más, pequeñas mías. Si hacéis caso de las palabras de vuestra reina no os atraparán nunca. Cuando arrojen la red sobre vosotras pasad la cabeza por el agujero y levantad el vuelo todas juntas, elevando así la red en el aire. Si entonces os posáis sobre una montaña erizada de púas estas mantendrán la red por encima del suelo y vosotras podréis escapar por debajo antes de que el aldeano llegue a la montaña. Hacedlo como os digo y todas os salvareis. Pero si algún día se levanta una riña entre vosotras y empezáis a pelearos, ese día ¡ay! os atraparán y nunca más volveréis a ver el bosque.
Las codornices hicieron tal como su reina les había aconsejado y, cada día, el aldeano volvía a su casa sin un real y su mujer se enfadaba muchísimo.
-No te preocupes -le dijo un día a su mujer- estas codornices se pelearán un día de estos y entonces las atraparé fácilmente.
Y sucedió que un día una codorniz le pisó la cabeza a otra.
-¡Te voy a dar lo que te mereces! -gritó enfurecida la codorniz lastimada, saltando sobre la otra y golpeándole con las alas-. ¡Fuera de aquí, fuera!.
La reina Codorniz, viendo la pelea, dijo a las demás:
-No nos quedemos aquí. Estas dos infelices seguro que acabarán mal.
Y se fue volando con aquellas que hicieron caso de su advertencia.
Y mientras las dos codornices seguían peleándose, una extraña nube cayó sobre sus cabezas: ¡era la red!
Muchas fueron atrapadas y llevadas al pueblo para ser sacrificadas. Pero la prudente reina Codorniz y aquellas que escucharon su consejo nunca fueron atrapadas. Y en el pequeño y silencioso bosque, vivieron todas felices por siempre jamás.

El palomar, un cuento regalado por Lorenzo Vidal

El creador del Día Escolar de la Paz, que se celebra el 30 de enero en todas las escuelas, nos ha regalado este bonito cuento sobre los valores humanos:

EL PALOMAR

Había un niño que tenía un palomar en la terraza de su casa, pero no tenía palomas. Tenía muchas ganas de tener palomas y echarlas a volar como hacían otros amigos, pero había oído decir que si las palomas no habían nacido en el propio palomar, entonces se fugaban cuando echaban a volar. Y pensó:
-¿Cómo puedo hacer para que me nazcan palomas en mi palomar?
Y de una antigua granja que tenían sus padres cogió una incubadora artificial.
-Bueno, voy a comprar huevos y los pondré en la incubadora.
Se fue a una casa de venta de animales y preguntó si tenían huevos de paloma fecundados. Y le dijeron que no. Y al cabo de recorrer unas cuantas, se encontró con un vendedor que intentaba ser más listo que los otros. Y le dijo:
-Huevos de paloma no, pero llévate estos y verás qué bien te van.
El niño no preguntó más, se llevó aquellos huevos un poco más grandes que los de paloma y los puso a incubar. Todos los días iba allí a ver si se picaban, hasta que un día observó ilusionadísimo que se estaban picando. Pero qué disgusto se llevó cuando vio que no nacieron palomas, que lo que nacieron fueron cocodrilitos.
El niño preguntó en qué se había equivocado. Y es que, en vez de incubar palomas, puso huevos de cocodrilo. ¿Qué falló? El no haber puesto las semillas adecuadas para conseguir los resultados que quería. Si nosotros en nuestra vida sembramos estas semillas de amistad, no-violencia y paz, el día deseado tendremos el resultado deseado. Pero si, aunque deseemos la paz, lo que sembramos en nuestra vida son semillas de violencia, pelea, enemistad, no tendremos paz, pues no tendremos palomitas sino cocodrilitos.
 Lee la entrevista que hicimos a Lorenzo Vidal pulsando AQUÍ.

CUENTAMUNDOS: Un cuento en verso de Ana María Shua

A ver qué os parece este disparatado cuentecillo en verso escrito por la argentina Ana María Shua (Buenos aires, 1951).

 La pequeña Analía García,
caminando distraída, sin pensar,
pisó un chicle en la calle
y ya no se pudo despegar.
Pasaron las horas y los días.
Sus padres le llevaban de comer.
Pasaron las semanas y los meses.
Analía empezaba a crecer.
Terminó la primaria en la calle.
Las maestras la ayudaban a estudiar.
Analía era linda y los muchachos
le decían piropos al pasar.
Tuvo un novio que allí la visitaba.
Se casó, pero no se despegaba.
Pasaron los meses y los años:
Analía empezaba a envejecer.
Andaría por los ochenta y pico
cuando un nieto fue a verla con su hijo.
Y el bisnieto, simpático, le dijo
después de mirarla un largo rato:
“Si querías despegarte, bisabuela,
¿por qué no te quitaste los zapatos?”

Cuenta Mundos, cuentos del mundo al alcance de la tecla

Nuestro colegio, como tantos otros, es un espacio de convivencia con personas de muchas nacionalidades. Es por eso que en esta estantería de LA BIBLIOTECLA vamos a reflejar cuentos, juegos y canciones de esos países de origen. Porque todos somos de la misma nación, EL MUNDO.
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